Fakeer: el cuerpo como moneda de cambio
Fakeer · 1/2
Después de Humo y de Manual de poses para dormir, la pregunta sobre el cuerpo cambia de escala. En aquellas obras el agotamiento ya era visible: el cuerpo se dormía en tránsito, se disolvía en el humo o improvisaba descansos absurdos dentro de la ciudad. En Fakeer, en cambio, el cuerpo deja de ser únicamente el lugar donde se deposita el cansancio y se convierte en la materia misma del intercambio.
La videoacción parte de una experiencia concreta: el encuentro con chicos en situación de calle que realizaban un número conocido popularmente como fakeer. El gesto era brutal y directo: colocar vidrios rotos sobre una prenda en el suelo y hacer piruetas, presiones o movimientos corporales encima de ellos para producir una mezcla de impacto visual, riesgo y sonido. La escena condensaba un mecanismo perverso: muchas personas daban dinero no solo por mirar, sino también por hacer que eso terminara, como si pagar permitiera interrumpir la violencia o comprar la momentánea tranquilidad de no seguir viéndola.
Ese mecanismo es el centro conceptual de la pieza. Aquí el dinero no funciona solo como recompensa o propina. Funciona también como una forma de negociar con el dolor ajeno, de pagar por ignorar la realidad del otro, de transformar la violencia material en un breve consumo de espectáculo.
Un desplazamiento crítico del “fakir” espiritual al fakeer urbano
El título Fakeer no intenta reproducir de manera fiel la figura histórica o religiosa del fakir en la India. Al contrario, opera como un desplazamiento crítico. Mientras el fakir tradicional ha sido leído —muchas veces de manera simplificada desde Occidente— como alguien que renuncia a lo material para perseguir una dimensión espiritual, aquí aparece su reverso contemporáneo: el cuerpo que ya no renuncia a la materia, sino que la entrega para poder subsistir.
No hay trascendencia. No hay elevación. Lo que hay es intercambio corporal por monedas. Sangrar para seguir. Soportar para obtener unos pesos. Convertir el riesgo físico en una unidad mínima de supervivencia.
Ese giro vuelve al título especialmente duro, porque donde antes se imaginaba una ascesis del cuerpo, aquí aparece una economía del cuerpo.
La acción: vidrio, playera, solicitud de empleo
En la pieza, esa economía se construye a partir de elementos muy precisos. La acción fue realizada por el propio artista sobre una playera blanca. No es una base neutra. Sobre ella se colocó un transfer de una solicitud de empleo, guiño directo a la precarización laboral y a la lógica de inserción forzada en un mundo del trabajo que exige disponibilidad, adaptación y sacrificio constantes.
Encima de esa playera se dispusieron fragmentos de vidrio y monedas. El cuerpo se inclina, apoya, presiona y desplaza sobre esa superficie. El suelo no es solo soporte: es el escenario mínimo de una economía condensada. La solicitud de empleo remite al ingreso, la promesa del trabajo o su ausencia; el vidrio introduce riesgo, herida y dolor; las monedas convierten el acontecimiento en transacción.
Pagar para no seguir viendo
Hay algo particularmente inquietante en la lógica del número callejero que detona la pieza: el espectador paga, pero no siempre paga solo por el “show”. A veces paga para detenerlo. Eso desplaza el intercambio hacia una zona más incómoda. La moneda actúa como absolución instantánea. Se entrega una pequeña cantidad y, a cambio, se suspende la culpa, se desactiva la incomodidad o se restaura una cierta normalidad de la mirada.
Por eso Fakeer no habla únicamente de dolor corporal. Habla también de la administración social de la violencia. La violencia aparece, se tolera unos segundos, produce impresión, y luego se cubre con la ficción de una compensación mínima.
La pregunta entonces ya no es solo cuánto resiste el cuerpo, sino qué valor se le asigna a esa resistencia y quién determina la tarifa del daño.
Del cansancio al sacrificio productivo
Visto en relación con los proyectos anteriores, Fakeer intensifica una misma investigación. En Humo, el cuerpo aparecía vencido por el traslado y el agotamiento; en Manual de poses para dormir, ese mismo cuerpo producía tácticas absurdas de descanso dentro del espacio público. Aquí el descanso ya no es posible. El cuerpo se presenta frontalmente como objeto de intercambio: ya no solo se gasta trabajando o desplazándose, sino que se ofrece como superficie de daño.
Eso lo vincula con una lectura crítica del trabajo contemporáneo. En un sentido amplio, todo trabajo implica poner tiempo, energía y capacidades corporales a disposición de una economía. Fakeer lleva esa verdad a un límite casi insoportable: muestra el momento en que el cuerpo parece pagarse con el cuerpo mismo.
No es metáfora blanda. Es herida potencial, presión real, exposición visible.
Performance, cuerpo y valor
Dentro del campo del performance, la pieza también se puede leer como una interrogación sobre la producción de valor. ¿Qué hace que una acción sea significativa? ¿La intención del artista? ¿El riesgo que asume? ¿La historia social que moviliza? ¿La capacidad de producir imagen? ¿La incomodidad que deja en quien mira?
En Fakeer todos esos niveles se superponen, pero la obra insiste especialmente en uno: el cuerpo es aquí la moneda inicial del acto. Antes de recibir dinero, el cuerpo ya pagó. Pagó con exposición, con roce, con amenaza de corte, con desgaste, con una puesta en escena en la que no hay distancia segura entre forma y violencia.
En Fakeer, el cuerpo no representa la precariedad desde fuera: la vuelve un intercambio visible. Allí donde el fakir clásico perseguía una dimensión espiritual, aquí aparece el reverso urbano de nuestra época: el cuerpo que sangra para subsistir.
La siguiente entrega se concentra en uno de los elementos que prolongan esta reflexión más allá de la videoacción: las monedas intervenidas con la palabra “TIEMPO”, puestas nuevamente en circulación. Si en Fakeer el cuerpo se intercambia por monedas, en esa deriva posterior la moneda misma devuelve la pregunta: ¿qué es exactamente lo que circula cuando pagamos?
Proyecto relacionado: Proyectos de Esteban Arzate.
Archivo y documentación:
- Stills de la videoacción Fakeer (2019).
- Registro de la playera con solicitud de empleo, vidrio y monedas.
- Derivas posteriores sobre circulación y tiempo.
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