De lo cotidiano a lo escultórico: Balón de maíz
Transformar un alimento sin borrar su origen Una tortilla de maíz está hecha para ser consumida. Su tiempo habitual es breve: se prepara, se calienta, se dobla, acompaña otros alimentos y desaparece. Su valor se encuentra precisamente en esa capacidad de alimentar. Un balón, en cambio, está diseñado para resistir. Debe conservar su forma, soportar golpes, rodar de manera predecible y regresar una y otra vez al juego. En el futbol profesional contemporáneo, esta resistencia depende de polímeros sintéticos, capas técnicas, sellados industriales, pruebas aerodinámicas y procesos de fabricación cada vez más precisos. Balón de maíz surge del encuentro entre esos dos objetos. La pieza toma la estructura reconocible del balón clásico y sustituye sus materiales industriales por tortillas de maíz secadas, selladas, recortadas y cosidas. No intenta producir un balón funcional ni imitar de manera perfecta uno profesional. Su operación principal consiste en transformar un alimento cotidiano...


