Dormir como resistencia: precariedad, sátira y el derecho a detenerse

Manual de poses para dormir · 4/4

La primera frase del texto que acompaña Manual de poses para dormir no intenta ser discreta: propone pensar el sueño como resistencia frente a una vida donde las exigencias laborales y sociales pueden llegar a decidir incluso cuándo y cómo descansamos. El cuerpo, dice el proyecto, termina doblegándose ante cansancio, estrés y problemas hasta buscar refugio en el sueño.

Después de hablar de absurdo, arquitectura y no lugares, podemos regresar a esa idea con mayor precisión.

¿En qué sentido dormir podría ser una forma de resistencia?

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No una resistencia heroica

La palabra “resistencia” puede sonar demasiado grande si imaginamos una acción consciente, organizada y deliberadamente política.

El sueño del que habla este proyecto no funciona así.

Nadie se duerme en el metro para sabotear el capitalismo.

Nadie cabecea en una banca como programa de acción colectiva.

La resistencia aparece en un nivel más elemental: el cuerpo tiene límites.

Puede ser obligado a trabajar muchas horas.

Puede trasladarse grandes distancias.

Puede sostener estrés, ruido y obligaciones.

Pero no puede negociar indefinidamente con la necesidad de dormir.

En algún momento interrumpe.

Se cae.

Cierra los ojos.

Se repliega.

El cuerpo recuerda que no es una máquina infinitamente disponible.

La precariedad también es una lucha por el tiempo

La precariedad laboral suele pensarse en términos de salario, contrato, seguridad social o estabilidad. Pero también puede leerse como una disputa por quién dispone del tiempo de una persona.

La jornada no termina necesariamente al salir del trabajo.

Hay que volver.

Esperar transporte.

Hacer transbordos.

Resolver tareas domésticas.

Cuidar.

Comer.

Prepararse para el día siguiente.

En Ciudad de México, los diagnósticos de movilidad muestran que grandes sectores de la población dedican una porción considerable del día a desplazarse entre casa y trabajo. Evalúa CDMX ha señalado además que las personas de menores ingresos tienen una mayor presencia entre quienes realizan traslados superiores a dos horas.

Cuando el tiempo de descanso se reduce, el cuerpo empieza a recuperarlo en fragmentos.

El vagón se convierte en dormitorio provisional.

El Manual ofrece una solución que sabe que no funciona

Ahí entra la sátira.

Si el problema es no tener suficiente descanso, el Manual responde como si el problema fuera no conocer la postura correcta.

La lógica es deliberadamente absurda.

Es como crear una guía de supervivencia para una condición que no debería requerir supervivencia.

“Si usted dispone de una jardinera de concreto, pruebe esta posición.”

“Si la cortina del comercio se encuentra cerrada, puede apilar tres cuerpos aquí.”

“Si el vagón está vacío, utilice el respaldo de manera incorrecta.”

La imagen no necesita escribir esas instrucciones.

Su estructura visual ya las contiene.

La postura incorrecta revela el problema correcto

Esta es quizá la operación crítica más importante de todo el proyecto.

Las posturas están mal.

Son incómodas.

Improbables.

Ridículas.

Pero precisamente por eso revelan algo correcto sobre el contexto.

Un cuerpo agotado busca apoyo aunque el espacio no lo ofrezca.

El Manual exagera esa búsqueda hasta que la ciudad completa empieza a parecer mobiliario de descanso improvisado.

La sátira no apunta realmente al cuerpo.

Apunta al sistema que lo obliga a adaptarse.

Descansar como uso improductivo del espacio

Existe además una dimensión urbana.

Muchos espacios públicos y de tránsito están organizados alrededor de funciones claras: circular, esperar un tiempo limitado, comprar, consumir, desplazarse.

Dormir introduce otra temporalidad.

Una persona dormida no produce velocidad.

No consume necesariamente.

No circula por voluntad propia.

Permanece.

Por eso la discusión sobre arquitectura hostil resulta relevante aunque no explique por sí sola todas las imágenes del proyecto. Los estudios sobre diseño excluyente han mostrado que algunos elementos urbanos se diseñan deliberadamente para impedir permanecer, recostarse o dormir.

El descanso puede convertirse, literalmente, en una conducta no deseada.

Frente a eso, las figuras del Manual responden con una ocupación excesiva.

No solo se sientan.

Se doblan.

Se extienden.

Se apilan.

Se apropian del espacio con todo el cuerpo.

La utopía mínima del sueño

El texto original llama al sueño una “idílica utopía”. La expresión es interesante porque no imagina una gran transformación social. Imagina algo mucho más pequeño:

poder dejar de responder durante un instante.

Dormir suspende temporalmente demandas.

No contesta mensajes.

No produce.

No viaja conscientemente.

No gestiona la impresión que damos a otros.

Durante unos minutos, el cuerpo se retira.

Esa retirada no resuelve las condiciones que produjeron el agotamiento, pero recupera una mínima soberanía sobre sí mismo.

La palabra “resistencia” tiene sentido si la entendemos así:

El sueño no derrota la precariedad. Simplemente recuerda que existe una parte del cuerpo que no puede ser convertida por completo en tiempo disponible.

Humo y Manual: desaparición y sátira

Ahora también podemos ver con claridad la relación con Humo.

Ambas obras parten de la misma escena: cuerpos agotados en trayectos cotidianos.

Pero producen respuestas distintas.

Humo Manual de poses para dormir
El cuerpo se disuelve. El cuerpo exagera su adaptación.
Fumage, sombra, silencio. Dibujo, fotografía, sátira.
El agotamiento aparece como desaparición. El agotamiento aparece como coreografía absurda.
La infraestructura absorbe al cuerpo. El cuerpo invade la infraestructura.

Uno es casi espectral.

El otro es deliberadamente ridículo.

Pero ambos terminan haciendo la misma pregunta:

¿qué clase de vida convierte el trayecto en lugar de descanso?

Leer la serie editorial de Humo →

Un manual que no debería ser necesario

Tal vez la mejor forma de cerrar esta serie sea aceptar la contradicción principal del proyecto.

Un verdadero manual de poses para dormir en la ciudad sería absurdo porque la solución no está en aprender mejores posiciones.

La solución estaría en jornadas dignas.

Traslados razonables.

Tiempo propio.

Espacios capaces de admitir cuerpos que no estén permanentemente en movimiento.

Derecho al descanso.

El Manual no puede ofrecer eso.

Por eso ofrece dibujos.

Y precisamente en la imposibilidad de su promesa aparece su potencia satírica.

Leer la publicación completa

El fanzine reúne fotografías de espacios públicos intervenidas con figuras que fuerzan, estiran y deforman la relación entre cuerpo y arquitectura. La secuencia completa permite entender mejor cómo el proyecto pasa de situaciones relativamente plausibles a composiciones cada vez más absurdas.

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Proyecto en portafolio: Precariedad laboral — Manual de poses para dormir.


Fuentes y referencias

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