Reinterpretar sin copiar: hacia una lámpara de papel y alambre desde México

Arquitecturas de luz · 4/4

Durante tres entregas hemos evitado comenzar por la forma.

Primero observamos las lámparas y faroles tradicionales japoneses para entender una relación entre bambú, papel, vacío y luz. Después seguimos a Isamu Noguchi cuando esa tecnología artesanal se convirtió en un lenguaje de diseño y escultura. Finalmente miramos hacia América Latina y México para reconocer otras maneras de construir con materiales ligeros: participación, color, repetición, cartonería, carrizo, alambre y cuerpos festivos.

Ahora sí podemos hacer la pregunta que estaba detrás de toda la serie:

¿Cómo traducir ese aprendizaje a una pieza propia sin convertir la referencia cultural en una copia?

La respuesta no puede ser una lámpara “japonesa con toque mexicano”. Ese resultado sería demasiado fácil y, sobre todo, demasiado superficial.

La reinterpretación que proponemos parte de otra idea:

No copiar el objeto. Aprender de las relaciones que lo hacen posible.

Una declaración de intención

Este proyecto no busca reproducir un chōchin, una Akari ni una pieza tradicional de cartonería.

Busca aprender de ellas.

De las lámparas japonesas nos interesa la capacidad de construir un gran volumen con poca materia; la tensión entre estructura y membrana; la luz filtrada; el vacío como componente activo; la posibilidad de que la construcción permanezca visible.

De la cartonería mexicana nos interesan otras capacidades: el alambre y el carrizo como esqueletos, el papel capaz de convertirse en cuerpo, la irregularidad, el color, la figuración, la reparación, el trabajo por capas y la libertad para construir formas que no tienen que ser geométricamente perfectas.

La pieza nueva no tendrá que parecerse literalmente a ninguno de sus antecedentes.

Su parentesco debería descubrirse al observar cómo está hecha.

Qué tomamos y qué dejamos

Para que una reinterpretación no se convierta en una acumulación de referencias decorativas conviene establecer límites.

Tomamos

  • estructura ligera;
  • papel como membrana;
  • vacío interior;
  • luz filtrada;
  • costillas visibles;
  • alambre como esqueleto;
  • capacidad de reparación;
  • color como decisión estructural;
  • huella del trabajo manual.

No necesitamos tomar

  • ideogramas como ornamento;
  • soles rojos;
  • flores de cerezo por asociación automática;
  • una paleta “zen” predeterminada;
  • motivos mexicanos colocados como estampas;
  • una silueta tradicional copiada;
  • la obligación de que todo sea perfectamente simétrico.

Esta diferencia es importante.

Los símbolos pertenecen a contextos específicos. Los principios materiales, en cambio, pueden estudiarse, entenderse y traducirse.

La estructura será también dibujo

La decisión fundamental del proyecto será utilizar alambre como estructura principal.

No intentaremos que desaparezca completamente debajo del papel.

Queremos que pueda verse.

En la cartonería, un esqueleto de alambre o carrizo puede ser una infraestructura destinada a desaparecer bajo las capas exteriores. En muchas lámparas de papel, las costillas se vuelven visibles al encenderse la pieza porque la luz las proyecta sobre la membrana.

Nuestra reinterpretación puede llevar esa condición un paso más lejos:

el alambre puede funcionar deliberadamente como línea.

dibujo en papel → línea de alambre → costilla → volumen → sombra

Una línea dibujada establece un límite sobre una superficie plana. Una línea de alambre puede recorrer el aire y delimitar un vacío.

Puede construir un perfil.

Puede repetirse para generar volumen.

Puede atravesar la membrana y volver a aparecer.

Puede funcionar como costura.

Puede convertirse en cicatriz.

Puede incluso ser la parte más oscura del objeto cuando la luz atraviese el papel.

La estructura dejará de ser aquello que escondemos para que la pieza se vea “terminada”.

Será parte de la imagen.

Por qué alambre y no reproducir las costillas de bambú

El bambú posee propiedades extraordinarias y forma parte esencial de las tradiciones estudiadas, pero reproducir su uso no es necesario para nuestro proyecto.

El alambre ofrece un proceso diferente y más próximo a nuestras herramientas y a la manera en que queremos construir.

Permite:

  • doblar curvas muy localizadas;
  • corregir una forma durante el proceso;
  • crear asimetrías;
  • unir piezas sin fabricar complejos ensambles de madera;
  • construir costillas independientes;
  • hacer pequeñas maquetas antes de escalar;
  • dejar partes deliberadamente expuestas.

Más importante todavía: permite pensar con las manos.

No necesitamos conocer toda la geometría antes de empezar. Podemos construir una primera curva, observarla, corregirla y dejar que la materia participe en el diseño.

El papel será piel, pero no una sola piel

La segunda decisión consiste en no asumir que existe un único papel correcto.

Necesitamos probar.

En una lámpara, una hoja debe resolver simultáneamente varias exigencias:

  • dejar pasar suficiente luz;
  • ocultar parcialmente la fuente;
  • resistir el adhesivo;
  • acompañar una curvatura;
  • soportar cierta tensión;
  • permitir reparación;
  • aceptar pigmento si decidimos intervenirla.

Eso significa que el proyecto no debería comenzar comprando una gran cantidad de un solo material.

Comenzará con un muestrario.

Prueba Qué observaremos
TransparenciaCuánto se ve la fuente y cómo se distribuye la luz.
FibraCómo cambia la imagen cuando la hoja se ilumina desde atrás.
AdhesivoManchas, deformación, rigidez y secado.
CurvaturaHasta dónde puede adaptarse sin rasgarse ni producir pliegues excesivos.
ColorQué pigmentos bloquean o transmiten luz y cómo cambian encendidos.

Podemos probar papeles artesanales, papeles de fibras vegetales, papel de algodón delgado, papeles utilizados en restauración, papel seda de mejor resistencia o capas muy finas de papeles empleados en cartonería.

No buscamos un sustituto falso del washi.

Buscamos el papel que nuestra pieza necesita.

Dos maneras de usar el papel en una misma lámpara

Aquí aparece una posibilidad que surge precisamente del encuentro entre nuestras referencias.

No todas las zonas tienen que comportarse igual.

Podemos distinguir entre:

Membrana

Una hoja delgada, tensada entre costillas, cuya función principal sea filtrar luz y revelar la estructura.

Cuerpo

Zonas construidas por superposición, modelado o mayor densidad de papel, capaces de bloquear luz y adquirir presencia escultórica.

La lámpara puede alternar ambas.

Una parte puede brillar.

Otra puede permanecer casi negra.

Una zona puede revelar cada costilla.

Otra puede ocultarlas.

La pieza apagada y la pieza encendida dejarían de ser exactamente la misma imagen.

La sombra también es un material

Hasta ahora hemos hablado mucho de luz, pero nuestra reinterpretación debería diseñar también aquello que la luz no atraviesa.

Si una costilla se duplica, producirá una línea más oscura.

Si dos capas de papel se superponen, aparecerá una gradación.

Si una zona se modela con cartonería más densa, puede volverse una silueta.

Si dejamos un vacío sin papel, la luz puede escapar directamente y proyectar una forma sobre la pared.

Por tanto, antes de pintar necesitamos trabajar con tres valores:

luz
papel muy translúcido
penumbra
capas o pigmento
sombra
estructura o cuerpo opaco

Con esos tres valores ya podemos dibujar sin necesidad de añadir color.

El color llegará después

Una de las tentaciones del proyecto sería comenzar inmediatamente con una paleta mexicana intensa para diferenciar la pieza de sus referentes japoneses.

Preferimos retrasar esa decisión.

Primero necesitamos comprobar si la estructura y la luz funcionan.

Después podremos decidir si el color aparece:

  • en todo el papel;
  • solo en algunas membranas;
  • como pequeños fragmentos;
  • en la propia estructura;
  • mediante pigmentos translúcidos;
  • o incluso únicamente cuando la lámpara está apagada.

El color no debería rescatar una forma débil.

Debería ampliar una estructura que ya funciona.

Tres familias de prototipos

Antes de intentar una pieza definitiva conviene construir prototipos que respondan preguntas diferentes.

Prototipo A · Costilla

Objetivo: estudiar alambre, papel y sombra con la menor cantidad posible de elementos.

Forma: orgánica y asimétrica, sin intención figurativa.

Acabado: papel claro, alambre visible, sin color o con intervención mínima.

Pregunta: ¿puede la estructura ser suficientemente expresiva sin decoración?

Este será el prototipo más próximo a la investigación sobre ligereza. Nos permitirá evaluar proporciones, separación entre costillas, tensión del papel y comportamiento de la luz.

Prototipo B · Fragmento

Objetivo: trabajar la lámpara como ensamblaje de membranas diferentes.

Forma: volumen dividido en segmentos.

Acabado: papeles de diferente transparencia, uniones visibles y posibilidad de pigmentos localizados.

Pregunta: ¿puede la unión entre papeles convertirse en parte de la imagen?

En lugar de intentar una superficie continua y perfecta, este prototipo aceptará costuras, traslapes, reparaciones y cambios de material.

La pieza podría parecer ensamblada, reconstruida o remendada.

Prototipo C · Cuerpo

Objetivo: acercar la lógica de la lámpara al lenguaje de la cartonería.

Forma: más figurativa o narrativa.

Acabado: mezcla de membranas translúcidas y zonas modeladas más opacas.

Pregunta: ¿hasta dónde puede una lámpara convertirse en personaje sin perder su relación con la luz?

Este será el prototipo más arriesgado y probablemente el que más pueda alejarnos de una lámpara convencional.

Del boceto al volumen

El proceso comenzará en dos dimensiones, pero no queremos que el dibujo se convierta en una cárcel.

La secuencia de trabajo propuesta será:

  1. dibujar siluetas muy simples;
  2. identificar las líneas estructurales indispensables;
  3. construir pequeñas costillas de alambre;
  4. unirlas temporalmente;
  5. observar el volumen desde varios ángulos;
  6. corregir antes de cubrir;
  7. probar fragmentos de papel;
  8. encender una fuente LED;
  9. fotografiar sombras y transparencias;
  10. volver a modificar la estructura.

El dibujo inicial no será una orden.

Será una hipótesis.

La construcción como herramienta de pensamiento

Esta metodología reconoce algo básico del trabajo artesanal y escultórico: no todas las respuestas aparecen antes de comenzar.

Algunas solo se vuelven visibles cuando el material está frente a nosotros.

Una curva que en papel parecía elegante puede verse débil al convertirse en alambre.

Una asimetría inesperada puede mejorar el volumen.

Un papel que parecía demasiado delgado puede producir la luz más interesante.

Una costura que intentábamos esconder puede convertirse en la parte que da carácter a la pieza.

Diseñar no será imponer una forma sobre los materiales.

Será aprender a escuchar lo que ocurre cuando empiezan a trabajar juntos.

Una referencia mexicana: construir presencia con poco peso

La cartonería resulta especialmente útil para recordarnos que una pieza ligera no necesita ser tímida.

Los alebrijes y otras figuras pueden construir presencias enormes mediante papel, engrudo y estructuras internas. Esa economía material permite que el volumen se vuelva festivo, narrativo y público.

Alebrije monumental de cartonería en Ciudad de México
Alebrije monumental en Ciudad de México. La imagen recuerda que una estructura ligera puede adquirir escala y carácter sin depender de una masa equivalente. Fotografía: Carl Campbell · licencia Creative Commons · Wikimedia Commons.

No queremos fabricar un alebrije luminoso como fórmula.

Queremos retener una enseñanza más abstracta:

la ligereza también puede ser exuberante.

La pieza apagada debe seguir existiendo

Una lámpara puede volverse dependiente de su iluminación.

Si apagada no tiene interés, toda la experiencia descansa sobre el efecto luminoso.

Queremos evitarlo.

La estructura debería tener una presencia propia durante el día.

El papel debe mostrar fibra, uniones y tensiones.

Las partes opacas pueden construir silueta.

El alambre puede leerse como dibujo.

La pieza encendida no reemplazará a la apagada.

Será una segunda versión.

Apagada

Fibra, alambre, unión, peso visual, color, volumen.

Encendida

Transparencia, sombra, profundidad, gradación, atmósfera.

La iluminación no es un accesorio

También debemos decidir desde el comienzo que la fuente luminosa forma parte del diseño y no se añadirá al final como solución improvisada.

Trabajaremos únicamente con iluminación LED de baja temperatura. No utilizaremos velas ni llamas dentro de cuerpos de papel.

El módulo eléctrico debería poder retirarse para mantenimiento y sustitución. La estructura tendrá que permitir que el cableado permanezca aislado de zonas de tensión, uniones metálicas o puntos donde pueda dañarse al manipular la pieza.

La distancia entre la luz y el papel también debe probarse.

Demasiado cerca puede revelar un punto brillante.

Demasiado lejos puede desperdiciar intensidad.

La fuente ideal será aquella que desaparezca visualmente y permita que el papel parezca producir la luz.

Diseñar para reparar

El papel se rompe.

Eso no es un defecto inesperado. Es una condición material.

En vez de fingir que la pieza será indestructible, podemos diseñarla para admitir reparación.

Algunas estrategias:

  • paneles o fragmentos reemplazables;
  • uniones accesibles;
  • papeles que puedan recibir pequeños parches;
  • costillas que puedan corregirse sin desmontar todo el cuerpo;
  • módulo eléctrico independiente de la cubierta.

Incluso podemos aceptar que la reparación quede visible.

Una lámpara que envejece podría registrar su propia historia.

La irregularidad no será un error automático

Trabajar a mano produce diferencias.

Una costilla puede no coincidir perfectamente con otra.

El papel puede contraerse de manera desigual.

Una unión puede hacerse visible al encenderse.

La pregunta no debería ser siempre “¿cómo escondemos esto?”.

Primero podemos preguntar:

¿esta irregularidad debilita la pieza o le da información?

Si compromete estabilidad, debe corregirse.

Si únicamente revela el proceso, quizá pueda permanecer.

No se trata de romantizar una mala ejecución.

Se trata de distinguir entre error técnico y huella material.

Una lámpara que pueda crecer como familia

Otra idea que tomamos de Noguchi y de las tradiciones colectivas latinoamericanas es que la primera pieza no necesita ser definitiva.

Podemos pensar en una familia.

Una forma de mesa.

Otra suspendida.

Una pieza alta de suelo.

Pequeños módulos capaces de reunirse.

El mismo sistema estructural puede adquirir distintas proporciones sin repetirse literalmente.

La investigación no termina al encontrar una lámpara que funciona.

Puede comenzar ahí.

El primer prototipo no debe ser bonito

Esta idea merece decirse con claridad.

El primer prototipo tiene que responder preguntas.

No tiene obligación de parecer una obra terminada.

Puede tener cinta.

Alambre sin acabar.

Parches.

Papeles distintos.

Un módulo LED provisional.

Notas escritas directamente sobre la estructura.

Su función es mostrarnos dónde falla la idea.

Si intentamos que la primera maqueta sea inmediatamente fotografiable, corremos el riesgo de proteger decisiones que todavía deberían poder cambiar.

Documentar también es construir

El proyecto debería registrarse desde el primer ensayo.

No solamente porque después queramos mostrar el proceso, sino porque la fotografía puede convertirse en una herramienta de análisis.

Conviene registrar cada prototipo:

  • apagado con luz natural;
  • encendido en oscuridad;
  • encendido cerca de una pared para observar sombras;
  • desde arriba;
  • desde abajo;
  • junto a una persona para comprender escala;
  • con detalles de uniones y fallos.

Una imagen puede revelar deformaciones que el ojo dejó de notar después de varias horas de trabajo.

La documentación no será únicamente memoria.

Será retroalimentación.

Una ética de la referencia

Después de toda esta investigación, la pregunta cultural continúa siendo importante.

¿Cuándo una referencia se convierte en apropiación superficial?

No existe una fórmula automática, pero podemos establecer un criterio para nuestro proyecto:

cuanto más específico sea un símbolo cultural, más debemos preguntarnos por qué lo necesitamos.

Si la respuesta es únicamente “porque hará que la pieza se vea japonesa”, probablemente no lo necesitamos.

En cambio, estudiar un procedimiento de construcción, reconocer su procedencia, citar a quienes lo han desarrollado y transformarlo a partir de nuestras propias condiciones materiales produce una relación diferente.

Lo mismo ocurre con la cartonería mexicana.

No necesitamos colocar una calavera, un luchador o un patrón de papel picado para demostrar que la pieza se construye desde México.

La relación puede estar en el modo de trabajar el alambre, en aceptar la reparación, en el uso del color, en el modelado del papel y en una tradición personal de hacer objetos con las manos.

El mapa de nuestra reinterpretación

estructura ligera

alambre como dibujo

papel como membrana + papel como cuerpo

luz + sombra + color

objeto reparable, imperfecto y transformable

Este mapa no define una silueta.

Define una manera de tomar decisiones.

Reinterpretar sin copiar

La serie comenzó preguntando qué sucede cuando la luz atraviesa una superficie de papel.

Después de recorrer tradiciones, talleres, objetos, diseños y fiestas, la pregunta ha cambiado.

Ahora sabemos que el papel puede hacer mucho más que cubrir una bombilla.

Puede construir una membrana.

Puede volverse cuerpo.

Puede plegarse.

Puede recibir pintura.

Puede registrar reparaciones.

Puede multiplicar una pequeña fuente luminosa hasta convertirla en atmósfera.

El alambre tampoco será únicamente soporte.

Será línea.

Será estructura.

Será dibujo en el espacio.

Y la luz no llegará al final para “hacer bonita” la pieza.

Será uno de los materiales con los que diseñaremos desde el principio.

Nuestra reinterpretación comenzará en el momento en que una línea de alambre adquiera una piel y esa piel, al recibir luz, deje de ser solamente papel.

El siguiente paso ya no es escribir

Aquí termina la investigación inicial.

Lo siguiente no puede resolverse únicamente con referencias.

Hay que cortar alambre.

Doblarlo.

Equivocarse.

Romper papel.

Probar adhesivos.

Encender una luz.

Apagarla.

Mirar la sombra.

Volver a empezar.

Si esta serie comenzó como una búsqueda sobre lámparas japonesas, termina proponiendo otra cosa: utilizar la tradición no como un catálogo de formas disponibles, sino como una conversación material capaz de empujarnos hacia una pieza que todavía no existe.


Fuentes y referencias

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