El mundo es un balón

 

La esfera que conecta barrios, pantallas y territorios



Pocos objetos pueden ser reconocidos con tanta rapidez como un balón de futbol. Basta una esfera dividida en pentágonos y hexágonos para que aparezcan la cancha, el partido, la infancia, el estadio, la selección nacional o la cascarita en la calle. El balón cabe entre las manos, pero alrededor de él se organizan comunidades, industrias, reglas, afectos y disputas que atraviesan prácticamente todo el planeta.

Decir que el mundo es un balón no significa que el futbol haya unido a la humanidad bajo una experiencia idéntica. Significa, más bien, que una misma forma circula por territorios profundamente distintos y adquiere significados particulares en cada uno. El balón que rueda sobre el césped de un estadio no es exactamente el mismo que rebota en el pavimento, se atora en la tierra de un potrero o golpea la cortina metálica que improvisa una portería.

La forma se repite. El mundo que la rodea cambia.

La esfera que promete un mundo común

La esfera ha sido utilizada históricamente para representar totalidad, continuidad y movimiento. No tiene un frente definitivo ni un punto de inicio evidente. Puede girar, desplazarse y cambiar de dirección. En el futbol, estas características dejan de ser solamente geométricas: la esfera se convierte en una máquina elemental para producir relaciones.

Un balón necesita cuerpos que lo persigan, reglas que organicen su movimiento y un espacio que provisionalmente se transforme en cancha. En torno suyo aparecen compañeros, adversarios, espectadores, árbitros, fabricantes, patrocinadores, medios de comunicación e instituciones. Por eso puede pensarse como algo más que una herramienta deportiva: es un objeto alrededor del cual se reúne un público.

Bruno Latour propuso atender las cosas no como elementos pasivos, sino como puntos de encuentro capaces de congregar intereses, conflictos y actores diversos. Desde esta perspectiva, un balón no sería únicamente una cosa que se patea. Sería también el centro temporal de una red: modifica el comportamiento de quienes lo rodean, establece posiciones, provoca acuerdos y produce desacuerdos.

Durante un partido, todas las miradas regresan constantemente a él. El balón concentra la atención y organiza el espacio.

Un mismo juego, muchos territorios

La expansión mundial del futbol suele presentarse como la historia de un lenguaje universal. En teoría, sus reglas permiten que personas de lugares distintos comprendan lo que sucede dentro de la cancha. Sin embargo, lo global nunca elimina completamente lo local.

Rui Machado Gomes y Núria Puig señalan que el deporte contemporáneo se encuentra atravesado simultáneamente por procesos globales y microculturas locales. Las grandes competiciones, las transmisiones internacionales y las marcas deportivas generan imágenes reconocibles en todo el planeta. Pero esas imágenes son apropiadas y transformadas por barrios, ciudades, regiones, grupos de aficionados y comunidades específicas.

El futbol puede fortalecer una identidad nacional durante un Mundial, expresar rivalidades regionales mediante los clubes o convertirse en un ritual familiar transmitido entre generaciones. También puede adaptarse a las condiciones materiales disponibles: se juega con porterías reglamentarias, piedras, mochilas, botes, uniformes completos o ropa cotidiana.

La universalidad del futbol no proviene de que se practique de una sola manera. Surge de su capacidad para ser modificado sin dejar de ser reconocible.

Una calle puede transformarse en estadio durante veinte minutos. Dos objetos colocados a cierta distancia son suficientes para construir una portería. Un grupo de desconocidos puede entenderse mediante reglas mínimas: aquí empieza la cancha, allá termina, éste es el límite y aquel objeto será el balón.

Lo global se hace concreto cuando alguien lo adapta a su territorio.

Cuando el balón entró a la pantalla


La imagen que muchas personas identifican como “el balón clásico” también tiene una historia mediática. El Telstar utilizado en la Copa Mundial de 1970 estaba compuesto por doce pentágonos negros y veinte hexágonos blancos. Su contraste fue diseñado para destacar en los televisores en blanco y negro, que todavía eran comunes en aquel momento.

Esto significa que el aspecto más reconocible del balón no surgió solamente de necesidades deportivas. También fue construido para circular como imagen.

El balón debía rodar en la cancha, pero además tenía que ser visible dentro de una pantalla. Su superficie respondió simultáneamente al juego y a su transmisión. Desde entonces, la figura de pentágonos negros y hexágonos blancos se instaló en dibujos, anuncios, juguetes, logotipos, caricaturas, videojuegos y señalizaciones, incluso cuando los balones profesionales dejaron de fabricarse necesariamente con esa misma estructura.

El objeto fue reemplazado muchas veces por nuevas tecnologías y diseños, pero su imagen permaneció.

Los estudios de Guillermo Alonso Meneses y Juan Manuel Ávalos González muestran que el futbol no puede separarse de los medios que lo difunden y reinterpretan. La televisión, la prensa y las plataformas digitales no se limitan a registrar partidos: participan en la construcción de aficiones, rivalidades, identidades y formas de consumo.

El futbol global no sólo se juega. También se transmite, se comenta, se repite y se convierte en archivo.

La pelota como objeto social

Pensar el futbol únicamente como entretenimiento impide comprender su alcance. Carlos Alberto Piña Mata y Zulema Trejo Contreras lo describen como un “hecho social total”: una práctica ligada a la memoria colectiva, la migración, el crecimiento de las ciudades, la construcción de instituciones y la identidad comunitaria.

Un balón puede aparecer en historias muy distintas. Puede ser el primer objeto alrededor del cual se forma un grupo de amigos; el centro de una tradición familiar; una herramienta educativa; el símbolo de una selección; una mercancía; un objeto de deseo o una promesa de movilidad social.

También conserva el rastro de los lugares donde ha sido utilizado. El desgaste, el polvo, las costuras abiertas y las reparaciones hablan de las condiciones del juego. Un balón nuevo exhibido en una tienda representa una posibilidad futura. Uno gastado o remendado contiene una historia de uso.

Los objetos no solamente sirven. También acumulan relaciones.

El programa sobre conocimientos materiales del British Museum ha insistido en que las técnicas de fabricación, reparación y transformación son formas de conocimiento cultural. Esto permite observar el balón desde otra perspectiva: además de su diseño, importa quién lo produce, con qué materiales, mediante qué procedimientos y bajo qué condiciones.

La perfección de una esfera industrial puede ocultar la cadena de trabajo que la hizo posible. En cambio, un balón reparado deja a la vista las decisiones necesarias para prolongar su existencia.

El mundo no es perfectamente redondo

La metáfora del mundo como balón puede sugerir armonía: un planeta unido por el mismo juego. Pero el futbol también reproduce desigualdades. No todas las personas acceden a las mismas canchas, equipamientos, oportunidades o formas de reconocimiento. Tampoco participan de la misma manera en la economía que se construye alrededor del deporte.

Mientras unos juegan, otros regulan. Mientras unos consumen el espectáculo, otros poseen los derechos de transmisión. Mientras miles de niños imaginan una carrera profesional, una estructura limitada decide quién puede ingresar a ella.

La esfera, por tanto, no representa un mundo equilibrado. Su aparente perfección geométrica contiene relaciones económicas y políticas desiguales.

El futbol puede producir comunidad y, al mismo tiempo, exclusión. Puede ser una práctica espontánea de barrio y una industria global. Puede generar pertenencia, pero también establecer fronteras entre quienes tienen acceso y quienes observan desde fuera.

Su fuerza cultural proviene precisamente de esa contradicción.


Un planeta a la altura del pie

El mundo es un balón porque en esa esfera pequeña caben muchas escalas. Cabe el cuerpo individual que aprende a patear; el grupo que ocupa una calle; el barrio que se identifica con un club; el país que se imagina representado por once jugadores; la empresa que comercializa el espectáculo y la institución que intenta administrar sus reglas.

El balón se mueve entre todos esos espacios.

Puede pasar del patio al estadio, de la cancha a la televisión y de la televisión a la memoria colectiva. Puede ser objeto de juego, emblema nacional, mercancía, herramienta comunitaria o imagen universal.

Pero su universalidad nunca está completamente terminada. Cada territorio vuelve a apropiarse de él, lo desgasta, lo transforma y le concede un significado distinto.

Quizá por eso el futbol continúa produciendo tanta fascinación: ofrece una forma común sin imponer una sola experiencia. La esfera parece siempre la misma, pero el mundo que la hace rodar nunca lo es.


Fuentes consultadas

Latour, Bruno. “Del Realpolitik al Dingpolitik: o de cómo hacer las cosas públicas”. Acta Sociológica, núm. 71, 2017, pp. 13–50.
https://www.revistas.unam.mx/index.php/ras/article/view/58944

Machado Gomes, Rui y Núria Puig. “El deporte, entre lo local y lo global: ¿una mirada europea?”. Apunts. Educación Física y Deportes, núm. 97, 2009.
https://revista-apunts.com/el-deporte-entre-lo-local-y-lo-globaluna-mirada-europea/

Meneses, Guillermo Alonso y Juan Manuel Ávalos González. “La investigación del futbol y sus nexos con los estudios de comunicación: aproximaciones y ejemplos”. Comunicación y Sociedad, núm. 20, 2013.
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0188-252X2013000200003&script=sci_arttext

Piña Mata, Carlos Alberto y Zulema Trejo Contreras. “Memoria, historia y deporte en la frontera: una perspectiva hermenéutica del futbol en Tijuana”. Letras Históricas, núm. 26, 2022.
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S2448-83722022000100102&script=sci_arttext

Petek-Sargeant, Nik. “Before it disappears: recording endangered practices, skills and knowledge”. British Museum, 2020.
https://www.britishmuseum.org/blog/it-disappears-recording-endangered-practices-skills-and-knowledge

adidas. “How adidas has shaped the history of World Cup balls from 1970 to the present day”.
https://news.adidas.com/timeline/how-adidas-has-shaped-the-history-of-world-cup-balls-from-1970-to-the-present-day/s/012334d5-aee6-4153-a1dd-0fb0085c14a5


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