De lo cotidiano a lo escultórico: Balón de maíz

 

Transformar un alimento sin borrar su origen

Una tortilla de maíz está hecha para ser consumida. Su tiempo habitual es breve: se prepara, se calienta, se dobla, acompaña otros alimentos y desaparece. Su valor se encuentra precisamente en esa capacidad de alimentar.

Un balón, en cambio, está diseñado para resistir. Debe conservar su forma, soportar golpes, rodar de manera predecible y regresar una y otra vez al juego. En el futbol profesional contemporáneo, esta resistencia depende de polímeros sintéticos, capas técnicas, sellados industriales, pruebas aerodinámicas y procesos de fabricación cada vez más precisos.

Balón de maíz surge del encuentro entre esos dos objetos.

La pieza toma la estructura reconocible del balón clásico y sustituye sus materiales industriales por tortillas de maíz secadas, selladas, recortadas y cosidas. No intenta producir un balón funcional ni imitar de manera perfecta uno profesional. Su operación principal consiste en transformar un alimento cotidiano en un objeto escultórico sin ocultar completamente la fragilidad, la textura y la temporalidad de la materia original.

El resultado esperado no es una esfera perfecta.

Es un balón que todavía parece tortilla.

Cuando la cocina entra al estudio



El proceso comienza con un alimento elaborado para otro propósito.

Cada tortilla conserva irregularidades: diferencias de grosor, bordes imperfectos, manchas de cocción, pequeñas burbujas, cambios de color y marcas producidas durante su preparación. En la alimentación cotidiana estas variaciones suelen pasar inadvertidas. Dentro de una escultura se convierten en información visual.

La cocina no entra al estudio únicamente como tema. Entra como procedimiento material.

Calentar la tortilla, extraer humedad, controlar su secado y evitar que se queme son acciones cercanas a la preparación de alimentos, pero dentro del proyecto adquieren otra función. Ya no buscan mejorar su sabor ni hacerla más flexible para comerla. Buscan modificar su comportamiento estructural.

La tortilla debe perder suficiente agua para endurecerse, pero no tanta como para carbonizarse o romperse de inmediato. Después necesita ser sellada con un medio acrílico transparente que reduzca la absorción de humedad y ayude a mantener la superficie cohesionada.

Aun así, el sellado no cancela el origen orgánico del material.

La tortilla no se convierte mágicamente en plástico. Permanece como un soporte vegetal procesado que puede reaccionar a la humedad, la temperatura, la presión y el paso del tiempo.

Esta condición es importante porque impide que la escultura sea entendida únicamente como una demostración técnica. La materia conserva cierta resistencia frente al intento de dominarla.

Treinta y dos tortillas para reconstruir una esfera



La estructura clásica del balón de futbol está formada por doce pentágonos y veinte hexágonos. En el proyecto, cada una de estas figuras puede obtenerse aproximadamente de una tortilla completa.

Eso significa que la construcción de un solo balón requiere alrededor de treinta y dos tortillas, además de piezas de prueba y posibles reemplazos por roturas durante el corte, el perforado, el secado o la costura.

Si el peso total se aproxima a un kilogramo, la pieza adquiere una medida material muy concreta:

un balón hecho con aproximadamente un kilo de tortillas.

Este dato no funciona únicamente como curiosidad técnica. Refuerza la relación entre escultura y alimentación. El balón deja de estar hecho con una superficie que imita al maíz y pasa a contener una cantidad reconocible de alimento.

La forma final proviene de la repetición.

Cada tortilla debe ser marcada con una plantilla geométrica, recortada y perforada siguiendo un patrón regular. Después, los paneles se ensamblan hasta que las superficies planas comienzan a producir volumen.

La esfera no aparece de una sola vez. Se construye mediante acumulación, tensión y costura.

Cortar rápido, coser lentamente

Para que el proceso sea viable, las plantillas son esenciales.

Un pentágono y un hexágono rígidos permiten repetir las figuras sin medir desde cero cada tortilla. Una segunda guía puede marcar los puntos de perforación a una distancia constante del borde y mantener separaciones semejantes entre las puntadas.

Esta sistematización no elimina el trabajo manual. Lo organiza.

La rapidez del corte permite que las piezas entren en etapas de secado similares y reduce diferencias producidas por largos tiempos de espera. Sin embargo, el cosido continúa siendo un proceso lento y cuidadoso.

La unión propuesta parte de un pequeño traslape entre paneles. Una tortilla se monta entre seis y ocho milímetros sobre la siguiente, y la costura atraviesa ambas capas. Este sistema evita doblar el material a noventa grados —lo que podría generar una línea de fractura— y produce una zona reforzada en cada unión.

El hilo negro funciona al mismo tiempo como estructura y dibujo.

No se trata de esconderlo. Su presencia recuerda que la esfera fue armada pieza por pieza. Frente al balón industrial, cuyas uniones tienden a desaparecer mediante termosellado, el balón de maíz exhibe la costura y permite leer el tiempo invertido en su fabricación.

La mano no es un accidente que deba corregirse. Es parte de la superficie.

La forma imperfecta

Un balón profesional debe cumplir medidas, peso, presión y comportamiento regulados. Su producción busca minimizar el error.

En Balón de maíz, la irregularidad no puede eliminarse por completo. Las tortillas no tienen un grosor idéntico, no reaccionan igual al calor y no soportan la misma tensión. El traslape también modifica ligeramente la geometría.

Por eso la esfera probablemente será imperfecta: algunos paneles se levantarán, ciertas uniones formarán pequeñas crestas y el volumen puede quedar ligeramente aplanado o desplazado.

Estas variaciones no necesariamente representan una falla.

Una redondez incompleta puede reforzar la distancia entre el objeto artesanal y el balón industrial. La pieza seguirá siendo reconocible, pero no alcanzará la neutralidad visual de un producto fabricado en serie.

Su imperfección mostrará la dificultad de obligar a un alimento plano, blando y perecedero a convertirse en una esfera rígida.

El balón no sólo tendrá forma. Tendrá tensión.

Natural antes que pintado

Una de las decisiones más importantes consiste en construir inicialmente el balón sin imprimir ni pintar los pentágonos negros.

El balón clásico se reconoce con facilidad por su contraste entre pentágonos oscuros y hexágonos claros. Sin embargo, comenzar con la tortilla natural permite observar si la geometría, la costura y la textura son suficientes para producir la imagen del balón.

Esta decisión también evita que el problema visual interrumpa el problema constructivo.

Primero debe comprobarse que las tortillas pueden secarse, perforarse y unirse sin quebrarse. Después será posible decidir si algunos pentágonos necesitan una pátina oscura realizada con tinta de grabado o pintura acrílica muy diluida.

Pintar al final tiene una ventaja conceptual: el color no ocultaría por completo las manchas de cocción ni la textura del maíz. Podría funcionar como una capa irregular, cercana a una pátina, en lugar de producir un negro uniforme.

Pero también es posible que la versión completamente natural resulte más fuerte.

Un balón monocromático, del color del maíz, se alejaría de la ilustración literal y obligaría al espectador a descubrir lentamente su estructura. Primero aparecería como una esfera cosida; después como balón; finalmente como conjunto de tortillas.

La pieza no necesita resolver esta decisión antes de existir. El prototipo puede responderla.

La fragilidad como parte de la obra

Las obras realizadas con alimentos y materiales biológicos plantean una pregunta inevitable: ¿deben conservarse como si nunca fueran a cambiar?

El Getty Conservation Institute ha estudiado numerosos casos de arte contemporáneo hecho con materia orgánica. Sus investigaciones muestran que preservar estas obras no significa necesariamente detener toda transformación. En muchos casos, la conservación requiere distinguir entre cambios aceptables, deterioros que forman parte de la propuesta y daños que impiden que la obra continúe existiendo o siendo interpretada.

En Balón de maíz, la fragilidad no es solamente un problema técnico. También forma parte del sentido.

La tortilla puede quebrarse, cambiar de color o reaccionar a la humedad. La costura puede tensar los bordes. El propio peso de la esfera puede deformar los paneles inferiores.

Esto no significa que la obra deba abandonarse a su deterioro. Significa que su conservación no puede basarse en fingir que está hecha de un material estable.

Sellar una tortilla no la vuelve inerte. Solamente vuelve más lenta y negociable su transformación.

Conservar sin negar la materia

Las recomendaciones generales para materiales orgánicos señalan varios riesgos: humedad relativa elevada, cambios ambientales bruscos, luz intensa, polvo, insectos, hongos y presión física.

El Canadian Conservation Institute advierte que una humedad alta puede favorecer el desarrollo de moho, mientras que una sequedad extrema puede aumentar la fragilidad de ciertos materiales orgánicos. Las fluctuaciones repetidas también producen expansión, contracción y tensiones internas.

Para el balón, esto significa que el almacenamiento y la exhibición deben considerarse desde el proceso de fabricación.

La pieza necesita secarse de manera uniforme antes del sellado. Después debe mantenerse lejos del contacto directo con agua, fuentes de calor, sol intenso y espacios excesivamente húmedos.

También conviene evitar que todo el peso descanse permanentemente sobre una zona pequeña. Si se coloca en una base, ésta debe distribuir la carga. Si se suspende, será necesario utilizar varios puntos de apoyo o una estructura interior discreta para no concentrar la tensión en una sola costura.

Conservar no significa esconder la vulnerabilidad. Significa impedir que un accidente externo destruya prematuramente aquello que la obra necesita mostrar.

Inflado, ponchado y abierto

La idea puede desarrollarse mediante más de un balón.

Una primera pieza puede conservar la forma de una esfera relativamente completa. No necesita estar inflada mediante aire: su volumen puede depender de la rigidez de los paneles y de una estructura temporal utilizada durante el armado.

Una segunda pieza puede aparecer ponchada o colapsada.

En ese estado, el balón deja de representar la promesa de rendimiento y muestra el peso real del material. La tortilla cae, se pliega y pierde la forma idealizada del objeto deportivo.

Una tercera posibilidad consiste en presentar una sección abierta, un conjunto de paneles sin cerrar o la plantilla geométrica junto a la pieza terminada. Esto permitiría observar el paso de la superficie plana al volumen.

La serie no narraría simplemente el deterioro de un balón.

Mostraría tres condiciones de la escultura:

  • la forma conseguida;
  • la forma perdida;
  • y la forma todavía en construcción.

Cada estado señalaría de manera distinta la distancia entre alimento, objeto y símbolo.

De la mesa a la sala de exhibición

El paso de la tortilla al museo no elimina su pertenencia a la vida cotidiana.

Al contrario, la sala intensifica su extrañeza. Un alimento que normalmente se toca, dobla y consume aparece separado del uso. La prohibición de comerlo o patearlo obliga a mirar su superficie de otra manera.

Esa transformación es una operación escultórica.

La tortilla deja de ser únicamente alimento, pero no se vuelve una materia completamente abstracta. Su olor, color, grosor y textura continúan vinculándola con la cocina y con la experiencia cotidiana.

El balón deja de ser implemento deportivo, pero conserva la forma que activa inmediatamente la idea de juego.

La pieza se encuentra entre ambos usos.

No puede comerse.

No puede patearse.

Su imposibilidad funcional dirige la atención hacia aquello que normalmente pasa desapercibido: de qué están hechos los objetos, cuánto trabajo contienen y qué sistemas de valor representan.

Balón de maíz

Los tres artículos anteriores de esta serie observaron el futbol como forma global, industria económica y espacio político y social.

Este último texto vuelve al objeto.

Balón de maíz concentra esas discusiones sin necesidad de escribirlas directamente sobre su superficie. La esfera remite a la circulación mundial del futbol. La estructura geométrica recuerda la estandarización del juego. La tortilla introduce la alimentación popular, el trabajo cotidiano y la economía doméstica. La costura visible devuelve el objeto al oficio manual. La fragilidad contradice la promesa de rendimiento y permanencia de los materiales industriales.

La pieza no pretende resolver si el futbol pertenece a las instituciones, al mercado o a la gente.

Hace visible la tensión.

El objeto central de un espectáculo multimillonario es reconstruido con un alimento básico. La esfera que representa precisión industrial aparece ahora manchada, cosida y ligeramente deformada.

El balón sigue siendo reconocible, pero ya no puede considerarse neutral.

Al cambiar su materia, cambia también la pregunta:

¿de qué está hecho aquello que llamamos juego, y quién sostiene realmente su forma?


Fuentes consultadas

Getty Conservation Institute. Living Matter: The Preservation of Biological Materials in Contemporary Art. Los Ángeles: Getty Conservation Institute, 2022. Investigación fundamental sobre la conservación de materiales biológicos y orgánicos en el arte contemporáneo.
https://www.getty.edu/publications/virtuallibrary/9781606066898.html

Mata Delgado, Patricia y otros. “Building Communities and Conserving Living Matter in the Collection of the MUAC-UNAM, Mexico City”. En Living Matter. Estudio sobre conservación de obras orgánicas dentro de una colección mexicana.
https://www.getty.edu/publications/living-matter/institutions/16/

Canadian Conservation Institute. “Agent of Deterioration: Incorrect Relative Humidity”. Guía sobre los efectos de la humedad relativa y sus fluctuaciones en materiales orgánicos y colecciones.
https://www.canada.ca/en/conservation-institute/services/agents-deterioration/humidity.html

Getty Conservation Institute. “Can We Use the Concept of Programmed Obsolescence to Identify and Resolve Conservation Issues on Eat Art Installations?”. Texto sobre degradación, reposición y autenticidad en obras realizadas con alimentos.
https://www.getty.edu/publications/living-matter/snapshots/02/

Liquitex. “Professional Matte Medium”. Información técnica sobre adhesión, transparencia, acabado mate y comportamiento de un medio acrílico.
https://www.liquitex.com/en-row/products/professional-matte-medium

Golden Artist Colors. Información técnica sobre geles y medios acrílicos utilizados como adhesivos y capas protectoras en técnicas mixtas.
https://goldenartistcolors.com/resources/gels-mediums-pastes

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